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Investigación curatorial

Esta muestra nos invita a habitar el datificio: aquello que está “hecho de datos”. Siguiendo la premisa de Marshall McLuhan, quien afirmaba que primero creamos nuestras herramientas y luego ellas nos forjan a nosotros, la exhibición explora cómo las tecnologías descentralizadas y exponenciales son, ante todo, el reflejo de un profundo cambio social. En esta era del codigo ergo sum, nuestra existencia se despliega en una realidad onlife, donde lo natural y lo virtual, lo físico y lo onchain, convergen en un flujo indivisible.

La Máscara como Refugio de la Intimidad

Retomando la ambigüedad del término griego prosopon, el rostro funciona hoy como un teatro donde el actor digital “suena a través de” la interfaz. La muestra se apoya en la tesis de Jesús González Requena sobre la dialéctica de las máscaras: frente al “rostro/máscara” social que se pretende auténtico, reivindicamos la máscara/máscara. Esta no es un engaño, sino el primer derecho humano: el derecho a la intimidad. Al levantar una pantalla frente a la mirada incesante de los otros, la máscara crea ese espacio de interioridad necesario para que el ser se constituya a distancia de su representación.


La Identidad Mosaico y el Espejo de la Extimidad

En el escenario de las redes sociales, la identidad se desancla de la presencia física para devenir un proceso narrativo. Según Lucía Caro Castaño, habitamos una identidad mosaico, una construcción fragmentaria hecha de “teselas” digitales —likes, búsquedas y silencios— que redistribuimos estratégicamente para gestionar las impresiones que provocamos en los demás. Este fenómeno, analizado por Erving Goffman como un enfoque dramatúrgico, convierte nuestra vida en una puesta en escena constante.


Esta exposición incesante transmuta la intimidad en extimidad, término de Paula Sibilia para describir el espectáculo público de lo privado. En este “espejo imposible”, la búsqueda de validación externa amenaza con disolver la introspección, convirtiéndonos en lo que Vicente Verdú denomina el “sobjeto”: una criatura híbrida donde la subjetividad del individuo se cruza con la objetualidad del dato.

Web 3: Hacia una Soberanía del Píxel

Frente a la “datificación” que, según Harari, intenta reemplazarnos con un cúmulo de información, la Web 3 surge como un espacio de moratoria psicosocial. Aquí, el uso de seudónimos y tecnologías descentralizadas permite explorar múltiples roles sin las restricciones del mundo analógico. En un entorno donde ahora debemos “probar que somos humanos”, el arte se vuelve el puente entre la tradición y la soberanía digital.


Datificio es un recordatorio de nuestra naturaleza procesual. Devenimos allí en seres pixelados, donde somos polvo de datos.